ALGUNAS NOTAS SOBRE EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE VIENNA 2012 (SPA)

Promesas

Por Claudia Siefen

Para mí, los festivales son promesas.

Gracias a la Viennale soy dueña de un metro de celuloide de un film de Peter Kubelka (ahora puesto en mi tabla de corcho): un metro de cuadros blancos, cortados personalmente por el cineasta de cortometrajes experimentales Arnulf Rainer. Que puedo decir, atendí una conferencia por Kubelka y me dijo ¡Hazlo! Y es imposible sentarte con Kubelka, mirar y escuchar a Arnulf Rainer sin hacer lo que te dice que hagas después, así que…

Arnulf Rainer es un artista austriaco famoso por sus autorretratos repintados. Arnulf Rainer de Kubelka (6 minutos y medio, blanco y negro, sonido óptico, 35mm, 1960) está compuesto enteramente de cuadros de blanco puro y negro puro que Kubelka une en longitudes desde de 24 segundos, tan cortos como un solo cuadro, produciendo un efecto rápido de oscilación. El sonido óptico es ensordecedor en el cortometraje y existen varios momentos de oscuridad total. Reduciendo el filme a sus elementos esenciales, no debemos olvidar el hecho de que este trabajo es de 1960 y su primera proyección en Viena forzó a la audiencia a dejar la sala en indignación. Aún hoy algunos chicos sentados detrás de mí se quejaban: “¡No puedo soportar esto más!”. Kubelka se rió de ello.

En 1970, Kubelka cofundó los “Anthology Film Archives” en Nueva York y diseñó el espacio negro de proyección, el “Cinema Invisible”. El film fue presentado en dos proyectores, con dos proyeccionistas trabajando en los mismos, y Kubelka no se cansó de agradecerles por su especial labor. Pero esa noche prometía ser aún más especial: en paralelo con Arnulf Rainer, Antiphon fue proyectada; film compuesto de 9216 cuadros. Al comienzo fueron mostrados uno después del otro y finalmente sus vistas y sonidos fueron unidos por los proyectores. Blanco y negro, sonido y silencio y 50 años después del radical Arnulf Rainer, vino Antiphon, su mellizo. Como dijo Kubelka “el hombre normal está especializado y consume el trabajo de los profesionales, los virtuosos. Ciertamente ese no es el ideal. Naturalmente, uno no puede hacer todo como un virtuoso. Pero entonces, la virtuosidad también se vuelve cuestionable”.

Otra promesa fue un programa corto de Rosa von Praunheim. El artista alemán es un ícono y pavimentó el camino para el movimiento homosexual. Nacido como Holger Radtkke, compuso un nuevo nombre “Rosa von Praunheim”: Rosa como el triángulo rosado que los homosexuales tuvieron que usar en los campos de concentración Nazi, y Prauheim como el distrito de Frankfurt. Para coincidir con su cumpleaños número 70, que será celebrado este noviembre, Von Praunheim está trabajando en la presentación de 70 nuevos filmes; pequeños retratos que introducen su “universo”. El presenta a la chica de limpieza de su hogar y la travesía que hace cada jueves desde Polonia a Berlin para trabajar, ya que el dinero que su marido gana no es suficiente para poder vivir. “¿Eres feliz?”, le pregunta Praunheim. Ella mira a la cámara: “No lo creo. ¿Pero sabes qué? Nunca esperé ser feliz”. El también nos muestra a sus vecinos, una pareja de 40 años, mostrando su humilde apartamento, humilde pero lleno de decoración barroca. Los dos hombres hablan de su historia de amor pero también del hermano enfermo mental que han cuidado por mucho tiempo ya.

Posteriormente tenemos la hermosa y tierna entrevista de Rosa con el director Werner Schroeter. Los dos amigos bromean pero también encuentran palabras serias acerca de los conflictos que ocurrieron durante su vida, mientras Praunheim se sienta a los pies de Schroeter. “Siempre estuve buscando la belleza”, tose Shroeter, “y ello encajó la forma que estaba buscando, tan esférica. ¡Tú Rosa, cuando eras joven, eras demasiado bello para eso!”.

Le sigue un retrato del director Elfie Mikesch, llamado Ich bin ein Gedicht (yo soy un trozo de poesía) donde Praunheim muestra su apartamento, mientras recita poemas escritos por él, mirando directamente a la cámara, humor y ojos singulares. Y finalmente presenta a algunas de las “Hermanas de la Perpetua Indulgencia” en Berlín; cómo se arreglan para salir, hablando con la gente y repartiendo preservativos. Mientras que su maquillaje es aplicado cuidadosamente, escuchamos las distintas historias que difieren en su actitud básica. Y el humor de nuevo. Este parece ser el tenor del programa; la vida nunca es fácil y a veces los problemas parecen pesar en tus días y noches, pero el humor y una sonrisa son siempre necesarios cada vez.

Los cortos experimentales de Coleen Fitzgibbon capturan la atmósfera de los 70’s, con una mezcla de documental e imágenes líricas. Daily News (1976) y Der Spiegel (1975) son basados en micro filmes de periódicos, editados en forma tan rápida que los encabezados se vuelven imposibles de leer. Rich/Poor (1977) es un corto documental sobre la gente de Manhattan. Y se apoya en puros… prejuicios. Hombres y mujeres, categorizados como “pobres” y “ricos”, dependiendo de como estén vestidos y el lugar en donde se encuentren. Así que supuestamente, a la gente pobre se le pregunta su opinión sobre la gente rica, y viceversa. “¡Qué piensas de los hombres ricos?” ”Los odio”, “Que piensas de la gente pobre”, “Oh no sé, generalmente no pienso en ellos, ¿debería”?

Magazin Benefit (1978) documenta algunas tocadas Punk Rock de DNA, James Chance y Contorsions. Interesante que mucho del material se haya perdido, sin embargo, hay escenas reencontradas. En gran parte todo es negro y oscuridad durante algunos conciertos, y así Coleen Fitzgibbon, el autor, invita a la audiencia a imaginarse un show de punk, un show al que regresa en su imaginación después de algún tiempo.

Dos cortos australianos también manejan los temas de  la imaginación y el espacio entre las palabras habladas, silencio e imágenes, distancias. El último trabajo por Johann Lurf, Reconnaissance (2012), documenta el reservorio Morris de California, que funcionó por décadas como un sitio de testeo de torpedos. Ya que Lurf no pudo acercarse a las instalaciones, fue forzado a mantenerse a cientos de metros fuera de su objeto de deseo. Y las imágenes empiezan a girar, las proporciones entran en caos, los colores crecen irreales. Sin sonido.

El cortometraje de Selma Dborac también trabaja con silencio, mientras conducimos un auto en un día soleado, sin saber a donde nos llevará el viaje. Es war ein Tag wie jeder andere im Frühling oder Sommer. (2012) (Era un día como cualquier otro en invierno y verano) los subtítulos nos cuentan tres historias, y uno debe unirlas por sí mismo. No hay “voice over”, y si pierdes la oportunidad de hacerlo, bueno, perdiste la oportunidad, lo que hace que las historias se unan más y más: En algún lugar en Bosnia, algunas memorias acerca de un plato y su posición después que el abuelo lo pusiera en el techo del auto. ¿O donde lo puso? Leer entrelíneas te involucra más y te pone más en contacto con el hecho de que no hay una “verdad” acerca del plato. La historia, tan calmada como escrita, se transforma en algo absurdo, mientras afuera permanece soleado.

Así que permítanme dejarlos con una promesa humanista de Kubelka: “Estoy absolutamente seguro que en los últimos años uno tendrá que empezar de nuevo a reconstruir y continuar esta forma de arte que es el cine, así que no pierdan los cientos de años del pensamiento humano que queda en film”.

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