COBERTURA TIFF 53: DEAD EUROPE DE TONY KRAVITZ (SPA)

Para desistfilm: Mónica Delgado

Dead Europe es una novela dura del australiano de origen griego Christos Tsiolkas y que Tony Kravitz adapta de modo sugerente. El cineasta toma del libro su segunda parte y cambia los lugares por unos que permitan esbozar una cartografía poderosa y arquetípica de esa Europa que ven morir. De Melbourne a Atenas, París y Budapest, ciudades que marcan la ruta para que el protagonista, el fotógrafo Isaac (Ewen Leslie), hurgue en los secretos familiares, que mucho tienen que ver con el trauma de la segunda guerra mundial.

Dead Europe (Australia, UK, 2012) recurre a los tópicos de una crisis o decadencia visto desde los ojos europeos: migración e ilegalidad, trata de personas, comercio de drogas, prostitución, pobreza y que marcan el termómetro para el estado de ánimo del protagonista, quien deja su país de origen para determinar la causa de la muerte de su padre. Cuando visita el lugar natal de su familia, en las montañas de Grecia, descubre que todo el pueblo los odia por arrastrar un pasado poco santo y que tiene una raíz antisemita. El fantasma de ese odio sigue a Isaac a lo largo de varios lugares como una cadena de culpa, motivo por el culpa recurre incluso a fórmulas oscurantistas que afrentan su agnosticismo. Kravitz recurre al thriller para hilvanar estas series de pistas que llevarán al protagonista de un lugar a otro, donde la decadencia y podredumbre se hace más evidente, logrando así una fisonomía maldita, embriagada de mal, del viejo continente.

El filme cuenta, a la par de las necesidades de la historia, con un reparto internacional, llamando la atención la aparición de Francoise Lebrun, la memorable actriz de La mamá y la puta de Eustache, como una holandesa que vive en París. Por otro lado, las escenas de Atenas en Dead Europe fueron filmadas en días de plenas manifestaciones ante la crisis, por lo cual ese espíritu de caos logra por momentos un halo documental.

Kravitz, pese a ciertos lugares comunes, como evocar a ese cine multinacional o de contextos cosmopolitas como sinónimo de migrantes, delincuencia, violencia y drogadicción, logra una película con fuerza y suspenso, que apasiona en ese relato casi obsceno que evoca y que evita trasladar del libro (novela que tiene en varios momentos la “malditez” de Henry Miller o Lautreamont), y que incluye por sobre todo mucha decepción y pesimismo.

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